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El proceso de la vida es como el fluir del río. Vamos transitando por momentos de riadas, progresos, avances que son como aguas rápidas y también tenemos días de más calma, de corrientes estables y serenas. Igualmente, llegarán tiempos de deriva, de estancamiento en remolinos relacionados con el trabajo o de torbellinos en las relaciones afectivas. Tendremos reiteradas caídas en la misma ciénaga engañosa. Habrá riadas y sequías. Navegaremos una y otra vez por todos esos tramos duros y difíciles, y alcanzaremos, una vez más, el punto de destino.

Disponemos de los recursos necesarios para afrontar las distintas tempestades que la vida nos pone o propone, pero la mayoría de las veces esos recursos los tenemos encerrados, como un cofre de maravillosos tesoros,  en las profundidades de nuestro espacio interior. Pensamos que no podemos perder el tiempo buscándolos. Pero están ahí, y cuando los encontramos, a veces, ya nos han vencido las circunstancias adversas. Aprendemos y la próxima vez estamos mejor preparados. Aprendemos que los fracasos son formas de aprender a hacerlo mejor la siguiente vez.

Las personas somos por naturaleza completas, creativas y estamos llenas de recursos. Capaces de tomar las decisiones adecuadas en un momento determinado. Manejar las distintas opciones y elegir la mejor.